
Recibo el mensaje de reunirnos para tomar unos tragos con tus amigos. Confirmado el lugar, voy a buscarte, a pesar de la hora y las ganas de dormir. Luego de mucho tiempo he regresado al lugar que hace años me acogio: Barranco, el distrito bohemio por excelencia de estos lares. Ha cambiado, pero aun hay recuerdos por aqui: en cada piso de madera, balcon, brindis y sonrisa.
Presentado al grupo de ocasion, me hicieron sentir comodo rapidamente. Cuchicheos entre ellas me daban la sensacion de ser muy conocido ya de cierta forma. "Asi que tu eres..." con mirada de complicidad. La charla era rapida y a gritos, las ideas volaban, muchas veces sin ser atrapadas. Tu forma de coquetear con los ojos me agrada por sutil. Sencillamente somos amigos, incluso cuando estamos solos.
Una pareja que fue por reconciliacion solo encontro llanto y actos de pataneria. Algun conato de pelea por efecto del alcohol y rencores comprados adornaban la madrugada. La mujer de la otra mesa era un iman de ebrios, al lado de la que solo bailo con su daiquiri. Un tipo que al que nadie le dio chance rebotaba por el pasillo pensando en cual fue el error. Grupos en espera de un aval desconocido se ubicaba en una esquina. Tres feminas con ojos de aguila peinaban el local en busca de presas. Este espacio de ciudad es asi desde que me lo hicieron conocer. Y lo disfruto.
"Vamos a mi departamento por algo mas?". Perfecto, la ultima vez te negabas a inaugurarlo. Pero la invitacion cursada no fue en singular y tratamos de re-agruparnos. Nos movimos en conjunto, casi al amanecer, rumbo al claustro. Es extraña la sensacion de sentirme en el lugar correcto, sin querer aparentar que soy una mejor persona. Al final no compartimos besos, pero si un primer amanecer.
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