No quiera el demonio que me acostumbre a ti, aunque mi piel es fragil, el pecado de la confusión no ahonda en ella.
No quiera el demonio que te acostumbres al roce de mi barba, me ire cuando menos lo pienses, sin explicaciones.
No quiera el demonio que escuche las palabras que frenas en el vertice de los labios.
No quiera el demonio que escuche en mi las pocas palabras que no son tuyas.
No quiera el demonio que escuche las palabras que frenas en el vertice de los labios.
No quiera el demonio que escuche en mi las pocas palabras que no son tuyas.
No quiera el demonio que cambiemos el deseo por amor.
No quiera el demonio que nos quedemos sin ganas de pecar.
Me dices que lo sabes bien, que entiendes mis silencios, sigo sin creelo...

1 comentario:
Por qué este siniestro no se abre al amor?
Tienes miedo acaso?
Al compromiso quizas?
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